Por Patxi Gil Crénier

Son muchas las ocasiones en mi vida en las que alguien se marcha de manera “improvisada”. Quizá es este el teatro que tanto mi tío conocía, como literato, autor y promotor teatral juvenil, donde vivió e impactó a tantos. Mi tío lo hizo así. Salió de la escena sin más. De pronto, su obra acabó. Fin del acto.

No te pudimos decir adiós. Pero espero que estas palabras te lleguen allá donde estás. Escribiste una vez que Falstaff no cree en la otra vida, pero yo elijo creer que sí la hay. O, al menos, que hay unas Bahamas. Probablemente ya hayas visto a tu hermano por allí.

Eras muy viajado. Estabas muy cultivado también en eso. Recuerdo todos los souvenirs que nos traías de pequeño. Para mi hermana y para mí, eras los ojos de un mundo exterior que se podía explorar, en una época donde viajar era menos “trending”, como se dice en estas lenguas modernas.

Fuiste educador. Como lo fue mi padre. Ambos dejasteis un bonito legado en las vidas de muchos jóvenes. Y yo me quedo para siempre con ese “artistazo” que me escribiste en el grupo familiar hace unos pocos días cuando te mostré las últimas páginas del cómic de mi padre.

Os deseo, estéis donde estéis, poder presenciar preciosos San Marciales. Quizá históricos, quizá mágicos. Solo vosotros sabéis ahora qué dramaturgia hay en el “más allá” – Espero que sea con un buen brindis, un reencuentro de hermanos y la paz de una playa tranquila.

D.E.P. Tío Javier.